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El libro de David Murcia y otras ’sobras literarias’ post-trauma

La avalancha de literatura producida con posterioridad a los secuestros, por fuerza de su presencia, terminó por convertirse en un nuevo subgénero. Y le llamo subgénero no porque se derive de otro nivel, sino porque por el afán de su confección su nivel de carpintería deja mucho que desear. ¿Las ’sobras’ de las obras?

Pero más allá de la mala factura de estas obras que se maquilan con la ayuda de escritores fantasma en tiempos récord, lo que queda para el análisis es cómo se dejan al desnudo ciertas intimidades que se sabe van a recaudar grandes ventas en las librerías pro cuenta de esa morbosa necesidad de saber si fulano se acostó con sutana durante el cautiverio.

La semana pasada tuvimos que ver una entrevista que le hizo la curtida periodista María Isabel Rueda (ahora nueva directora de la revista Credencial) a la ex secuestrada Clara Rojas con 42 preguntas de las cuales gastó 11 para preguntarle por el padre de Emmanuel y el resto para indagar si odiaba o sería capaz de perdonar a Ingrid Betancourt por sus presuntas relaciones durante el tiempo en que estaban privadas de su libertad.

Si bien el secuestro es algo que no terminamos por comprender y nunca encontraremos una justificación mínimamente válida, lo que si alcanzamos hoy a entender es que semejante situación de desconcierto terminan minando la voluntad, el uso de razón y cualquier racionalidad que hoy podemos hacer desde la comodidad de nuestras casas. Es normal que la gente enloquezca y aquí se le está pidiendo a los entrevistados desde el banquillo de una periodista o desde la firma de un contrato con una editorial, que haya plena sensatez, cordura, memoria lúcida y hasta calma en las sensaciones y sentimientos.

Los autores de esas obras pos-traumáticas todavía necesitan más tiempo para digerir lo que pasó en la selva, pero casi todos han sucumbido a las presiones editoriales de un mercado sediento de esas historias picarescas y a la vez llenas de dolor y olor a selva. Como las telenovelas de hoy recurrieron a las mismas lógicas culebrónicas de la narrativa mexicana-venezolana de los años setenta, los nuevos dramas se buscan en las páginas de estos libros que se imprimen por montones y ocupan los lugares de privilegio en las librerías.

Fernando Araújo (15.000 ejemplares); Luis Eladio Pérez (3 ediciones y más de 20.000 ejemplares); Frank Pinchao (9 ediciones y más de 30.000); Thomas Howes, Keith Stansell y Marc Gonsalves (sin datos aún) y faltan por salir los de Ingrid Betancourt, Alan Jara, Sigifredo López y la próxima semana viene el de Clara Rojas…  A eso hay que agregarle los que han escrito, por ejemplo, las ex de los secuestrados como el que hizo Lucy Artunduaga (ex de Gechem Turbay).

Casi todos han reaccionado a cada nueva aparición editorial y son más los disgustos que los puntos de convergencia. Parecería que todos estuvieron en campamentos distintos, ‘atendidos’ por guerrillas distintas y que mientras unos sufrían lo indecible, otros parecería que la sacaron barata. ¿Cuál es el sentido de toda esta tendencia? Si es una salida terapéutica, bienvenida, pero pensaría que lo verdaderamente terapéutico debería ser escribir y no tanto publicar; sin embargo, escribir per se no llena las arcas. En fin, quizá juzgar no sea correcto en mi caso porque como decía antes, cualquiera puede enloquecer en esa situación.

Sin embargo creo que los periodistas deben tener una responsabilidad al afrontar estos temas y creo que taladrar en los sentimientos de una persona vulnerable si debería ser cuestionado. La entrevista de Rueda me deja un sinsabor porque creo que se desperdicia a una entrevistada y a una entrevistadora, ambas de muchos kilates, en preguntas envenenadas, llenas de curiosidad facilista, de esa misma que alimentan los adolescentes sobre la vida amorosa de Laura Acuña. Mucha periodista para preguntas tan innecesarias, porque de las respuestas de Clara Rojas sobre su vida privada no se puede esperar la solución al conflicto o la construcción de una agenda nacional que nos reivindique con la historia.

David Murcia enreda investigación para privilegiar su libro

Hoy se supo que David Murcia Guzmán –socio mayoritario de DMG y que atiende varios procesos incluyendo lavado de activos del narcotráfico– se negó a dar su testimonio sobre su presunta colaboración de más de 5.000 millones de pesos (US$2′500.000, aproximadamente) a la campaña reeleccionista del presidente Uribe, ante las autoridades del Consejo Nacional Electoral.

Murcia alegó que no podía dar información por razones de seguridad. Me es difícil creerle porque ya ha anunciado en varias oportunidades que está preparando su libro con todas las “verdades” que asegura que tiene. Sencillamente, la solicitud de las autoridades electorales resultan inoportunas hasta tanto no se publique el libro. En términos periodísticos, Murcia no se quiso ‘autochiviar’. Es un nuevo capítulo vergonzoso sobre la forma en que un sujeto como este dispone de los recursos de tiempo y dinero del Estado para movilizarlo a una diligencia de este proceso y salga con ese chorro de babas.

Preguntas al aire: ¿Ha leído algún libro de los ex secuestrados? Si sí ¿Le gusta lo que ha leído? ¿Tendrá que enterarse la justicia colombiana sobre los implicados solo a través de sus ‘obras literarias’? ¿Estaremos ante un nuevo género de sobras de las obras?

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